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miércoles, 7 de noviembre de 2012

7 - Por qué ese enigma logró guardar sus secretos durante tanto tiempo


Para entender cómo el enigma en el Evangelio de San Mateo logró guardar sus secretos durante tanto tiempo, debemos fijarnos tanto en las características de la persona que lo ideó, cómo en las de aquellas personas que leyeron o estudiaron las Escrituras Sagradas. De las razones distintas que enumeramos a continuación, las primeras tienen que ver con la persona que creó el enigma y las últimas con los que se enfrentaron a él.

-La persona que ideó el enigma era un iluminado.
-El enigma fue protegido por algunas personas dentro la iglesia.
-El enigma también fue protegido por algunas personas fuera de la iglesia.
-El enigma fue programada para revelarse sólo en un determinado momento.
-Una falta de humildad hace difícil evaluar las Sagradas Escrituras correctamente.
-Un sentimiento de inferioridad o superioridad condiciona la lectura.
-No nos hemos preguntado lo que su autor intenta transmitirnos.
-No reflexionar lo suficiente sobre el objetivo de esta obra.
-Dejarse guiar por lo que se supone que nos deben decir.
-No procesar toda la información de una manera óptima.
-Dejarnos influir por los prejuicios sobre este libro.
-Nuestros juicios morales condicionan la lectura.
-No reflexionar sobre la naturaleza de las cosas.
-Dar más importancia a la meta que al proceso.
-Aceptar fácilmente sistemas incoherentes.
-La Biblia misma crea falsas expectativas.
-Tener una visión lineal sobre la historia.
-Suponer que debe decir la verdad.
-Un mal uso de la crítica textual.
-Ignorar lo que no entendemos.
-Saber demasiado.

Si el enigma en el Evangelio de San Mateo ha guardado sus secretos durante tanto tiempo ha sido en primer lugar porque la persona que lo ideó era un iluminado y, como tal, sabía que los demás evaluaban cierta información de una manera defectuosa. Jesús se daba cuenta de que no procesamos toda la información de una manera óptima y que muchos factores condicionan nuestra lectura de las Escrituras Sagradas. Tomando en cuenta nuestros defectos, no le era tan difícil crear un enigma que primero hizo a las autoridades llegar a la conclusión que él había nacido de una virgen, para siglos más tarde revelar que en realidad había nacido de una relación extramarital entre María y su suegro.

Cuanto más estudiamos ese enigma, y cómo logró guardar sus secretos durante tantos siglos, cuanto más nos damos cuenta de que Jesús era un iluminado y de que nosotros no somos tan racionales como solemos pensar de nosotros mismos.

Hay pocas opciones para contar esas 14 generaciones
Al ofrecer esa información al final de su genealogía para Jesús sobre el hecho de que haya 14 generaciones entre Abraham y David, entre David y la deportación a Babilonia, y entre la deportación a Babilonia y Jesús, San Mateo nos invita a contarlas. Matemáticamente no hay muchas opciones para dividir esos nombres en grupos de 14. Como las únicas variables se refieren a incluir en cada nueva columna la última generación de la columna anterior –Abraham/David, David/Josías y Josías/José y Jesús–, o no hacerlo –Abraham/David, Salomón/Jeconías y Salatiel/hijo de Jesús–, es increíble que tantos estudiosos hayan aceptando una división que ni sigue la lógica de una ni de otra: Abraham/David, David/Josías y Jeconías/Jesús.

Es, en primer lugar, por aceptar con tanta facilidad sistemas incoherentes, que nadie más se ha dado cuenta de que San Mateo indica que Jesús nació de una relación entre María y su suegro. Es, por ejemplo, también por esa facilidad de aceptar sistemas incoherentes, que a la mayoría de la gente no les sorprende que los coches conducen a la derecha y los trenes a la izquierda, que unos libros llevan el título en el dorso de arriba abajo y otros al revés, y que el vocabulario de nuestros idiomas tienen muchas excepciones a las reglas generales.

Otra razón por aceptar esa división tradicional, pero incoherente, es que solemos dar más importancia a la meta que al proceso. Sabemos que al contar todas esas generaciones tenemos que llegar de alguna manera a Jesús y no nos importa demasiado cómo lo hacemos. Por esta razón no nos damos cuenta de que al animarnos a contar esas generaciones, San Mateo quiere que reflexionemos sobre la mejor forma para hacerlo.

Diferentes factores que condicionan nuestra lectura
Una razón importante por la que los que estudiaron la Biblia no se dieron cuenta de lo que el enigma en el Evangelio de San Mateo intenta decirnos, es que, en general, no reflexionaron lo suficiente sobre la naturaleza de los relaciones en sí, y, por tanto, ignoraron que las relaciones extramaritales hacen que unos linajes son verdaderos y otros supuestos. Esto hizo que no descubrieron los secretos en el Génesis y que luego tampoco se dieron cuenta de que las genealogías para Jesús en los evangelios de San Mateo y San Lucas se parecen a las de Set y Caín.

Otra razón es que esa gente que sí se daba cuenta de lo que conllevan las relaciones extramaritales, tenía tantos prejuicios sobre la Biblia y lo que se supone que esta obra intenta transmitir –que Jesús nació de una virgen, por ejemplo–, que ignoraron por completo que ésta hace una distinción entre linajes verdaderos y otros supuestos.

Aún otra razón es que no reflexionaron lo suficiente sobre el objetivo de esta obra. Los judíos esperaban que el Mesías fuera un descendiente de David. Si San Mateo remonta su genealogía hasta David, e incluso hasta Abraham, lo hace para demostrar que Jesús era el Mesías. Por esta razón debería ser obvio que según San Mateo, de alguna manera, Jesús debía ser un descendiente de David.

La suposición de que San Mateo se refiere a la concepción virginal de Jesús –al referirse a esa profecía en Isaías y al traducir ‘doncella’ por ‘virgen’ este evangelista crea una falsa expectativa– hizo que muchos no investigaron cómo Jesús podía ser un descendiente de David sin ser necesariamente el hijo de José, el marido de María.

Muchos estudiosos se dejaron también engañar porque suponían que en el pasado esta genealogía había dicho que José engendró a Jesús y que esto fué cambiado cuando el cristianismo adoptó el dogma de la concepción virginal de Jesús. Suponer que San Mateo se refiere a la concepción virginal de Jesús hace muy difícil ver que en realidad indica que Jesús nació de una relación extramarital entre María y su suegro. Esta suposición hace que entonces incluso ignoramos que las cuatro mujeres en esta genealogía para Jesús tuvieron todas relaciones extramaritales.

Saber mucho, no procesar bien toda información y la crítica textual
Otra razón por la que se ha ignorado durante tanto tiempo lo que el enigma en el Evangelio de San Mateo nos indica es que los que estudiaron la Biblia tenían mucha información a su alcance y que al no procesarlo bien, ésta solo crea más confusión.

En vez de investigar primero lo que San Mateo nos intenta decir, haciendo una lista con los nombres en el Evangelio de San Mateo y luego contarles, investigaron enseguida el origen de estos nombres y quién reinó cuando ocurrió la deportación a Babilonia. Aparentemente fue Jeconías, pero San Mateo dice:”Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.” Para los que estudian la Biblia no solo es difícil dar crédito a San Mateo porque asocia a Josías con la deportación a Babilonia, sino también porque estos nombres parecen haber sido elegidos al azar. A partir de David, esta lista ofrece los nombres de los reyes de Judea, pero omite algunos nombres. Éste es, por ejemplo, el caso de tres reyes consecutivos. Aunque existe una razón para omitir estos reyes –no siguieron a Yahveh–, es difícil suponer que el rey anterior a éstos era realmente el padre del que los sigue.

Esta información sobre los reyes de Judea y sobre quién reinó durante la deportación a Babilonia nos puede hacer dudar de que Jesús fuera realmente un descendiente de Abraham y de David, pero no cambia nada sobre el hecho de que San Mateo indica que Jesús nació de una relación extramarital.

Nuestros sentimientos condicionan la lectura
Debemos también señalar que nuestros sentimientos condicionan la lectura de la Biblia. No conviene leer las Escrituras Sagradas desde un sentimiento de inferioridad, porque entonces solemos aceptar ciertas ideas sin cuestionarlas. Y tampoco conviene hacerlo desde un sentimiento de superioridad, porque entonces solemos rechazar ciertas ideas cuando pensamos que contradicen la ciencia. La mejor forma de acercarnos a las Escrituras Sagradas es desde la humildad; desde la idea que quizás fueron escritos por unos iluminados que entendieron ideas que sus contemporáneos no podían entender.

La crítica textual y la confusión creada por las contradicciones
Los que estudiaron la Biblia hicieron también un mal uso de la crítica textual. Es cierto que no tenemos los textos originales y, por tanto, que no podemos estar seguros de lo que dice el Evangelio de San Mateo es lo que dijo originalmente. Pero esto no cambia nada sobre el hecho de que hoy indica que Jesús nació de una relación extramarital y de que esto no debe sorprendernos tomando en cuenta los secretos que hemos descubierto en el Génesis.         

Las supuestas contradicciones en las genealogías que encontramos en la Biblia han hecho también que muchos estudiosos no las tomaron en serio. Por no procesar bien esa información, no se daban cuenta de que San Mateo y San Lucas no se contradicen. Y por pensar que estas genealogías no tenían sentido preferían suponer que no tenían importancia.

Jesús y su obra
Todas esas contradicciones en el Nuevo Testamento fueron ideadas por Jesús. No solo ayudaron primero a crear su enigma y luego a protegerlo, sino que también nos animaron a reflexionar sobre ciertas cuestiones. Para entender, por ejemplo, cómo sus discípulos crearon una nueva religión, cuando él dijo en cierto momento que no había venido para cambiar la ley y en otro momento dijo a sus discípulos que no debían dirigirse a los gentiles, primero debemos reflexionar sobre el cometido de un Mesías. Solo entonces, nos daremos cuenta de que el cristianismo fue ideado como un caballo de Troya.

miércoles, 31 de octubre de 2012

6 - ¿Pretendió Jesús poner en evidencia a las futuras autoridades religiosas?

En el caso de que el Evangelio de San Mateo dijera la verdad, y Jesús nació realmente de una relación extramarital entre María y el padre de José, parece obvio que el enigma en San Mateo debe ser la obra de Jesús. ¿Quién, sino su madre, tendría esa información tan confidencial sobre su verdadero padre? El hecho de que ese libro fue escrito después de la vida de Jesús, no significa en absoluto que Jesús no puede haber sido el autor de esas genealogías.


El enigma en el Evangelio de San Mateo es tan ingenioso –primero hizo pensar a las autoridades religiosas que Jesús había nacido de una virgen, para muchos siglos más tarde revelar que su padre era también el de José– que es lógico suponer que sea la obra de un iluminado, y por lo tanto, que su autor fue Jesús.

Además, como las genealogías de San Mateo y San Lucas se parecen a las del Génesis para Set y Caín, la primera siendo verdadera y la segunda supuesta, podemos suponer que el autor de estas genealogías en el Nuevo Testamento descubrió los secretos en las genealogías del Antiguo Testamento. ¿Y de quién podemos esperar tal hazaña, sino de Jesús?

Tenemos así tres buenas razones para suponer que Jesús fue el autor del enigma en el Evangelio de San Mateo. Esto es algo que tener en cuenta cuando reflexionamos sobre las consecuencias de la revelación de este enigma. ¿Cuáles son? Una, es que invita a reflexionar sobre las razones que nuestros antepasados paganos tuvieron para convertirse al cristianismo. Es de suponer que muchos no entendieron el mensaje de Jesús, pero se dejaron impresionar por todo el ‘abracadabra’ con el que se asociaba al fundador de esta nueva religión. Para ellos, Jesús era un dios y lo que esperaban de un dios era que tuviera un nacimiento y una muerte sobrenatural; que en su persona se cumplieran ciertas profecías; y que realizara una variedad de milagros, etc. Hoy, tantos siglos después, vemos que muchos cristianos aún siguen interesándose más por los milagros que hizo Jesús y por las profecías que se cumplieron en él, que por sus ideas: la empatía con los pobres, la no-violencia, el aprovechar los talentos recibidos, el no juzgar para no ser juzgado con la misma medida, el no portarse como hipócritas, etc. La revelación de este enigma les anima a cuestionar por fin a estos milagros. Porque si su concepción virginal fue una mentira, ¿cómo pueden aún estar seguros de los otros milagros con los que asocian a Jesús?

Otra consecuencia es que demuestra que Jesús era un iluminado. Crear un enigma que primero hizo pensar a la gente que él había nacido de una virgen, para tanto tiempo más tarde revelar que no era así, es tan sumamente ingenioso que solo puede ser la obra de un iluminado.

Y aún otra consecuencia de la revelación de este enigma, y quizás la más importante, es que pone hoy en evidencia tanto a las autoridades de las tres religiones monoteístas como a las autoridades de los no creyentes que estudiaron esta obra. Pone en evidencia a las autoridades cristianas porque demuestra que hace muchos siglos, basándose en una mala interpretación del primer capítulo del primer libro del Nuevo Testamento, crearon un dogma que las generaciones siguientes aceptaron sin demasiado oposición; a las judías porque demuestra que Jesús había descubierto unos secretos en el Génesis que ellos aún hoy siguen ignorando; a las musulmanes, que también consideran que Jesús nació de una virgen (para ellos es un profeta, no el hijo de Dios), porque adoptaron una idea del cristianismo sin verificar su orígen; y a las autoridades de los no creyentes porque aunque presumen de estudiar la Biblia de una manera racional, no descubrieron el secreto del enigma en el Evangelio de San Mateo. Todos se dejaron engañar por lo que estos textos parecen decir, cuando realmente dicen otra cosa.

La revelación de este enigma nos enseña que Jesucristo no se fió ni de las autoridades judías ni de las autoridades cristianas y que ideó ese enigma expresamente para poner en evidencia, en algún momento del futuro, a las autoridades. ¿Pero por qué? Como Jesús, el fundador del cristianismo, era un iluminado, tiene que haber reflexionado mucho sobre las religiones y haberse dado cuenta tanto de lo bueno como de lo malo que conllevan.  Y al haberse reflexionado también sobre el orígen y la evolución de esas religiones tiene que haberse dado cuenta de que las religiones fundadas por un iluminado sufren mucho después de su muerte, porque sus discípulos, y los discípulos de estos discípulos, no están a la misma altura, y porque todas las profesiones que consiguen la admiración de la gente suelen atraer a gente que está interesada en el poder.

Lo bueno de las religiones es que animan a la gente a portarse bien y que ofrecen a los individuos la posibilidad de formar parte de una comunidad; lo malo es que a veces animan a la gente a portarse mal con la gente que no se porten bien –y que no ven en este comportamiento ninguna contradicción– y también que al unir gente en un grupo, les separan de otros grupos y, a veces, incluso les enfrentan a ellos.

Referente a los fieles de las diferentes religiones, es importante darse cuenta de que la mayoría no lo son por libre elección, sino porque nacieron dentro de una comunidad que profesa una determinada religión. Si estos fieles hubieron nacido en otra comunidad, profesarían otra religión. Esto significa que estas autoridades, que ahora defienden las tesis de una determinada religión, mientras critican a las demás, en el caso de haber nacido en otra comunidad, defenderían unas tesis que ahora critican.

Antes hemos señalado que los creyentes, en vez de tener fe en los dogmas de su religión, tienen fe en las autoridades religiosas que los defienden. Ahora tenemos que remarcar que formar parte de una comunidad es para muchos fieles muy importante. La necesidad de formar parte de una comunidad es a menudo tan fuerte que no se atreven a cuestionar lo que esto conlleva, y que por miedo de ser expulsados no se atreven a cuestionar o criticar las ideas y el comportamiento del grupo al que pertenecen.

Las diferentes religiones y filosofías dividen a la gente. El filósofo y teólogo suizo Hans Küng señala en su libro ‘Islam: Pasado, Presente y Futuro’: “No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones. No habrá diálogo entre las religiones si no se investiga los fundamentos de las religiones.” Como esto es una verdad como una casa, podemos estar seguros de que Jesús, un iluminado que la gente consideraba el Mesías –la persona que ayuda a la humanidad a recuperar la armonía– ya se había dado cuenta de ello hace 20 siglos. Al poner en evidencia a las autoridades religiosas obliga a los fieles a investigar los fundamentos de sus religiones y así tiende puentes entre los fieles de las diferentes religiones y filosofías.

En cierto momento, Jesús dijo: “La verdad os hará libres”. Cuando reflexionamos sobre nuestra relación con las ‘autoridades’, vemos que al poner fe en ellas menospreciamos nuestra propia razón y nos covertimos en sus esclavos. Hoy, al revelar sus secretos, el enigma que Jesús ideó nos hace libres. Y no solo hace libres a los fieles, sino también a todas las autoridades religiosas que trabajan para un mundo mejor, y para quienes los dogmas solo significan una carga que hace más difícil el contacto con toda esa gente que tiene otras religiones o filosofías.

Con la revelación del enigma en el Evangelio de San Mateo ha llegado el momento para estudiar las religiones de una manera racional y darnos cuenta tanto de las cosas buenas como de las cosas malas de las diferentes religiones y filosofías.

Los escépticos pueden opinar que las religiones son cosas del pasado y que la gente racional no las necesita. No tienen razón, en primer lugar porque ellos no son seres racionales –si lo fueron, al estudiar la Biblia hubieron descubierto sus secretos; si lo fueron, al reflexionar sobre la evolución humana se hubieron dado cuenta de que una sociedad que no vive en armonía, como la nuestra, está predestinada a autodestruirse–, y en segundo lugar porque sin las religiones hubieramos perdido los libros sagrados, algo que hubiera sido nefasto, porque la Biblia ofrece un ideal para el que luchar –un mundo mejor–, y sin ese ideal hubiera sido fácil convertirse en prisioneros del presente. Esto es lo que ha ocurrido ahora. Si hoy el mundo se enfrente otra vez a una crisis de nivel mundial, es porque nos hemos concentrado tanto en el presente, que no aprendímos de los errores del pasado.

Conviene también que los no creyentes se den cuenta de que su ‘fe’ en la ciencia se parece mucho en la ‘fe’ que los creyentes tengan en la religión. Por supuesto que no hay nada malo con la ciencia en sí, pero sí cómo la evaluamos. No tiene sentido pensar que en el futuro la ciencia nos va a solucionar todos los problemas, cuando hasta ahora ha servido básicamente para que cada vez más un porcentaje más alto de los recursos queden en las manos de un grupo más reducido de la población mundial. Además, el mal uso que hacemos de la ciencia ha hecho que nuestras armas se hicieran continuamente más sofisticadas hasta llegar a tal punto que hoy pueden causar la autodestrucción de toda la humanidad.